Médico y
cirujano
1912 – 1971

Médico y
cirujano
1912 – 1971

Un hito en la medicina del Ecuador

Si se desea resumir la labor del Dr. Emiliano J. Crespo desde 1913 en Cuenca, hay que decir que fue quien introdujo la medicina moderna en el sur del Ecuador. Como opinó el Dr. César Hermida, uno de los historiadores de la medicina, la presencia de Crespo marca “un antes y un después” en la historia médica del Azuay.

Esa labor implica muchas cosas: fue el primero en realizar cirugías complejas, el primero en hablar de microbios, bacterias y parásitos, el primero el urgir la medicina preventiva por medio de las vacunas. Fue, además, quien introdujo la asepsia y la antisepsia en Cuenca, el primero en poner inyecciones intravenosas, el primero en administrar sueros, el primero en realizar exámenes de laboratorio para identificar a los patógenos que podían tener sus pacientes y combatirlos adecuadamente; el primero en aplicar yesos (con moldes de férulas que trajo de Francia); el primero en anestesiar con éter, etc.

Gracias sus amplios conocimientos médicos y a su permanente estudio y actualización, el Dr. Crespo fue el cirujano general que más amplia variedad de campos abarcó en su práctica médica, que luego serían coto de especialistas, como la ginecología, la obstetricia, la urología, la proctología, la traumatología, la otorrinolaringología. Así como los campos clínicos de pediatría, gastroenterología, ortopedia, oftalmología, y muchas otras especialidades médicas.

“Bien está que se recuerde al científico, al pionero de los grandes logros en las varias ramas de la Medicina comarcana, como para decir lo que está consignado en nuestra Historia de La Medicina en el Azuay y que ahora lo repito a frase llena: la evolución de la Medicina Científica tiene dos etapas: antes del Dr. Crespo y después de él; cosa que también dice el Dr. Leoncio Cordero en este estudio, con la autoridad que él tiene ganada.”

Dr. César Hermida

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Evocación del maestro, Emiliano J. Crespo, un hito en la Historia de la Medicina del Azuay (1981), 8.

“Bien está que se recuerde al científico, al pionero de los grandes logros en las varias ramas de la Medicina comarcana, como para decir lo que está consignado en nuestra Historia de La Medicina en el Azuay y que ahora lo repito a frase llena: la evolución de la Medicina Científica tiene dos etapas: antes del Dr. Crespo y después de él; cosa que también lo dice el Dr. Leoncio Cordero en este estudio, con la autoridad que él tiene ganada.”

Dr. César Hermida

Impulsó avances en traumatología

Hoy parece que los avances de la medicina se dieron de golpe, pero la verdad es que la historia nos muestra que ellos vinieron en épocas concretas y se introdujeron por sabios y especialistas con mucha dedicación y conocimientos. Fue el caso del Dr. Crespo en todas sus especialidades, por ejemplo, la de Cirugía Ortopédica y Traumatología.

Además, fue el primer médico en Cuenca en usar escayola de yeso para reducir las fracturas, para lo cual utilizaba una variedad de moldes de férulas que había traído de París.

Hacía preparar vendas de paño limpio, que, dispuestas en varias capas y embebidas en una lechada de yeso de buena calidad, que se proveía en las fábricas de estuco, servían para reducir las fracturas, por lo general de brazos y piernas.

Introdujo las inyecciones intravenosas en Cuenca

Las inyecciones intravenosas del Dr. Crespo (endovenosas, decía él), que nadie había administrado antes en Cuenca, causaron tal escándalo que algunos médicos tradicionales opinaban que causarían la muerte.

Cuando se vieron los magníficos resultados de sus tratamientos, algún médico, que ni siquiera era alumno de él, sacó un folleto en el cual, dándose de conocedor, afirmaba que, para poner inyecciones de este tipo, había que ponerse gorro, mascarilla, bata y guantes estériles.

Uno de los campos en que las inyecciones intravenosas tuvieron un efecto inmediato fue el de las enfermedades venéreas, sobre todo las de Neosalvarsán para tratar a los sifilíticos, una enfermedad rara pero que sí existía en Cuenca y que no se curaba por los tratamientos tradicionales. Más tarde, el Dr. Crespo, como todos los médicos del mundo, recurrieron a la penicilina, descubierta por Alexander Flemming en 1928 y que solo se produjo masivamente y empezó a salvar vidas desde la Segunda Guerra Mundial.

Impuso la práctica de la asepsia

Como en muchas partes del mundo antes de que se introdujera la medicina científica, en Cuenca se actuaba sin ninguna cautela con los pacientes en las cirugías y los alumbramientos. La labor revolucionaria del Dr. Emiliano J. Crespo fue introducir la asepsia y la antisepsia, a pesar de la resistencia, incluso con burlas y denuestos, de los médicos chapados a la antigua.

Por ejemplo, sobre los microbios hubo un médico que dijo que él creería en su existencia “cuando vea uno amarrado a la pata de la cama del doctor Crespo”. Crespo fue el primero en el sur del Ecuador en operar usando instrumental esterilizado, ropa esterilizada y con sus propias manos y brazos desinfectadas.

Antes de cada operación se lavaba concienzudamente las manos, muñecas y antebrazos hasta los codos, repasando cada uña con un limpiauñas de acero y frotándose todo con un cepillo esterilizado previamente. Luego desinfectaba sus manos y antebrazos en dos tiempos: primero los sumergía en una solución antiséptica y, a continuación, en alcohol de 90 grados. Luego se vestía con gorra, mascarilla, bata, guantes de caucho y zapatillas, todo esterilizado previamente. Solo así entraba al quirófano, donde todos los instrumentos estaban esterilizados en autoclave.

Esa indumentaria y esos procedimientos causaron inmensa sorpresa, y aun escándalo, en la Cuenca de entonces. Hubo médicos que dijeron que eso lo hacía solo para teatralizar la operación, impresionar a los parientes del enfermo… ¡y así poder cobrar más! Había médicos que protestaban porque se esterilizara los bisturís cuando de sacar pus se trataba. “¡Pus mismo vamos a sacar!”, vociferaban, implicando que al tratarse de materia infecta no importaba hacerlo con instrumental sucio.

El colmo fue cuando un médico procuró infectar exprofeso ciertos materiales de cura, no para causar daño al enfermo, sino para que se vea que “no pasa nada” y que todo lo que hacía el Dr. Crespo Astudillo eran “puros aspavientos”. Procedía siempre bajo la noción de que todo lo que no ha sido exprofesamente esterilizado debe rechazarse como séptico (contaminado), porque de lo contrario, las bacterias penetrarán en la piel con cualquier incisión que se haga y provocarán graves infecciones. Esto que hoy es tan fácil de comprender, en aquella época era ocasión de sorpresa, mofa e incluso, como ya se dijo, escándalo.

“Hubo algún médico —y no de los malos— que para operar vestía la ropa más vieja y sucia, porque no quería que sus buenos vestidos se mancharan con sangre, pus u otros líquidos orgánicos procedentes de las heridas”.

Dr. Emiliano J. Crespo

Realizó más de 5.000 cirugías

Gracias a los conocimientos adquiridos en Francia, el Dr. Crespo Astudillo fue el primero en realizar operaciones quirúrgicas complejas en Cuenca, incluyendo las abdominales, las pélvicas y las toráxicas, además de las de extremidades, cuello y cabeza.

Para poder efectuarlas, también fue el primero en anestesiar con éter y no con cloroformo, como se solía hacer hasta entonces, corriéndose el riesgo que tan anestesiado estuviera el paciente como el anestesista… Trajo de París una máscara de Ombredanne para la administración del éter. También era muy hábil para aplicar la anestesia local.

Fue él quien estableció el servicio de cirugía, con el primer quirófano estéril y las dos salas (una de hombres y otra de mujeres), del Hospital San Vicente de Paúl, el único hospital público de Cuenca, salas que antes no existían pues la cirugía era una práctica esporádica y muy simple.

Sus métodos asépticos, su habilidad como cirujano (era ambidextro, porque, aunque nació zurdo, desde joven entrenó su mano derecha lo que le facilitó mucho el manejo de los instrumentos quirúrgicos) además de sus conocimientos, actualizados mediante constante estudio, le permitieron efectuar más de 5.000 operaciones a lo largo de los 42 años de práctica médica en el Azuay.

Y todo lo hizo con una actitud ética y humanitaria.

Fuente: Crespo, Emiliano J., Memorias de un cirujano, Segunda Parte, Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo del Azuay (Cuenca,
1982), 76.

Fue el primer médico en atender partos

Puede ser asombroso, pero Emiliano J. Crespo fue el primer médico en Cuenca en atender partos, pues por un mal entendido pudor, los hombres estaban prohibidos de brindar asistencia en los partos y, si se llamaba a un médico, este debía permanecer en cuarto aparte y solo intervenir en caso de peligro de muerte, pero sin que pudiera ver la zona genital de la parturienta.

Los partos los atendía una comadrona, quien se subía a la cama, con su ropa de todos los días y apenas lavadas las manos y con las uñas sucias, se metía debajo de las cobijas y maniobraba casi en la oscuridad. Ayudaba a salir al niño y luego hacía el lavado vaginal. De allí la frecuencia de infecciones transmitidas por esas manos y esa ropa.

Emiliano J. Crespo se había preparado conscientemente en París en la obstetricia y la ginecología y, en su práctica privada como médico, estas dos especialidades tuvieron gran importancia, porque la fama de sus acertadas intervenciones como obstetra y en la solución de problemas y enfermedades ginecológicas hizo que se volviera el médico de referencia en esta área. Así, más de 10.000 niños vinieron al mundo en sus manos y ninguna madre tuvo una infección, menos una fiebre puerperal.

También fue muy importante su práctica privada de urología, otro campo que se desconocía en Cuenca, con tratamientos clínicos y quirúrgicos en enfermedades de riñones, uréteres y vejiga.

Prevención de infecciones puerperales

En los partos se daban, con
demasiada frecuencia,
infecciones, llegando a veces
a producirse epidemias.

El parto que le dio la fama al Dr. Crespo

El primer parto que el Dr.
Crespo atendió en Cuenca,
cuyo éxito fue base de su fama,
fue el de la esposa de un
pariente suyo.

Atención a madres sin recursos

Malhadado destino
de esta horrible profesión:
por la noche comadrón,
a la mañana padrino.

Distinguió varios tipos de parásitos

El Dr. Emiliano J. Crespo fue el primero en el país en identificar y hacer conocer numerosos parásitos que afectaban a la población, no solo de Cuenca sino de otras zonas del país. Su ojo clínico y sus exámenes le permitieron descubrir, antes que nadie, que había parasitismo intestinal (anquilostomo) en el litoral ecuatoriano, que muchas veces se confundía con paludismo, por la anemia que producía, y que requería un tratamiento diferente, pues medicar como palúdicos a quienes no lo eran no conducía a mejora alguna y, lo que es peor, muchos serranos que lo adquirían en la Costa, al estar mal medicados, volvían a la Sierra solo para morir.

Esta tesis no fue aceptada tan pronto por sus colegas guayaquileños pues incluso en el Primer Congreso Médico Ecuatoriano, donde él presentó un trabajo sobre parasitismo en el país, un eminente médico, de fama no solo nacional sino internacional, cuyo nombre no revela el Dr. Crespo en sus Memorias, se dedicó a refutar la tesis, sosteniendo que había disentería de origen palúdico.

Al Dr. Crespo le fue difícil convencer a este médico y a otros, bastante necios, que seguían tratando de paludismo a estos anquilostomiáticos, cuando con el tratamiento que él recomendaba, con vermífugos y suplementos de hierro y otros remedios contra la anemia, producía una rápida mejoría. Solo al ver la consistencia de sus buenos resultados se fueron convenciendo.

Fue tan contundente el trabajo del Dr. Crespo, que el Congreso Médico Nacional resolvió recomendar la creación de la Cátedra de Parasitología en las otras dos facultades de Medicina que entonces tenía el país (Quito y Guayaquil), siguiendo el ejemplo de la de Cuenca, que ya la tenía por iniciativa suya.

Las primeras observaciones microscópicas

La mejora en la técnica de fabricación de vidrio desde el siglo XVI permitió confeccionar mejores lentes, más pulidos, con curvaturas más homogéneas, lo que les dio más potencia para ver más lejos (telescopios).

El Dr. Crespo cambió el tratamiento del absceso hepático

En el Ecuador de la segunda década del siglo XX solo se conocían de nombre las amebas, pero nadie las había identificado y tratado… hasta que llegó el Dr. Emiliano J. Crespo.

“El doctor Crespo fue un puente entre la medicina antigua y la moderna, un hito, entre el médico general, el médico de familia, el consejero y depositario de los secretos físicos y morales del hogar”.

Dr. Leoncio Cordero

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