Formación en el Instituto Pasteur en París
La formación de Emiliano J. Crespo en París abarcó estudios y prácticas con los médicos que eran punta de lanza en los diferentes campos de la medicina. Estudió con los colegas y discípulos de Louis Pasteur. El gran sabio había fallecido tres lustros antes, en 1895, pero había dejado una pléyade de investigadores médicos en el Instituto Pasteur, que él fundó y dirigió, y a donde el joven médico cuencano encaminó sus pasos.
Los avances de Louis Pasteur que estudió el joven médico
El método científico
modernización de la medicina que transforma las observaciones y dudas clínicas en conocimiento comprobado y útil para el diagnóstico, el tratamiento y la prevención de enfermedades.
La microbiología
comprensión de los microorganismos y su papel en la salud, la enfermedad y la industria.
El origen germinal
de las enfermedades infecciosas y de procesos como la descomposición y la fermentación.
La necesidad de la antisepsia
(sistematizada por el británico Joseph Lister).
La medicina preventiva
(hasta entonces inexistente en el mundo), empezando por la vacunación preventiva contra las enfermedades infecciosas.
El “horno Pasteur”
antecesor del autoclave (desarrollado por Chamberlan, discípulo de Pasteur).
La pasteurización
para impedir la descomposición rápida de la leche y otros líquidos.
La vacuna
en la versión de bacterias de la enfermedad debilitadas a propósito.
El legado de Pasteur
En el Instituto Pasteur —cuyo director era el Dr. Roux, antiguo alumno, colaborador y hombre de confianza de Pasteur e inventor, él mismo, del suero antidiftérico—, realizó Emiliano J. Crespo los cursos de microbiología, bacteriología, micología, parasitología microscópica y técnica histológica.
Sus profesores fueron sabios de la talla de Borel, Metchinikoff (descubridor de la fagocitosis), Laveran (descubridor del plasmodio del paludismo), los hermanos Nicolle, Sabureaux (inventor de los medios de cultivo para la parasitología microscópica), Calmette, del Instituto Pasteur de Lille (inventor de sueros antiofídicos y de la vacuna contra la tuberculosis, llamada B.C.G. —vacuna Calmette Guérin—) y otros muchos grandes investigadores, célebres por sus trabajos y descubrimientos.
Fotografías tomadas del archivo digital de la Biblioteca Nacional de Francia.

Formación quirúrgica del Dr. Crespo
Al culminar el curso de un año en el Instituto Pasteur, siguió los cursos de anatomía topográfica y disección de la École Pratique de Médecine y, luego, de técnica operatoria en la Facultad de Medicina, a lo que dedicó más de un año, hasta agotar todas las regiones del cuerpo humano y, por consiguiente, todas las especialidades de la cirugía. Allí era decano el Dr. Landouzi, alumno también de Pasteur.
Obstetricia, medicina tropical y parasitología
- Realizó un stage (pasantía) en obstetricia en las clínicas Beaudelocque y Tarnier, con los reconocidos profesores Pinard y Bard.
- En los hospitales Necker y Broca, reforzó su preparación en química biológica, ginecología, histología y traumatología.
- Asistió a conferencias y operaciones públicas del célebre Dr. Doyen, considerado uno de los cirujanos más brillantes de su tiempo.
- Siguió con el curso de Medicina Colonial o Tropical, adquiriendo conocimientos de enfermedades exóticas y parasitología con el Dr. Langeron, que luego resultaron fundamentales en el Ecuador.


El joven médico que perdió el Titanic
A vísperas del regreso del doctor Crespo a Ecuador, el conocido hacendado ecuatoriano y exportador de cacao, el señor Morla, se le había acercado con una propuesta. Viajarían juntos en el viaje inaugural del más moderno y lujoso trasatlántico construido por el hombre, el Titanic de la White Star Line, y el doctor sería su médico de cabecera durante la travesía.
Aceptarlo, le permitiría cuidar profesionalmente a un paciente, costear el pasaje vía Nueva York y, además, ganarse unos honorarios justos. Pero había una condición. El doctor no podría acompañarle si no completaba todo su instrumental. Había visitado a los representantes en sus locales para urgir la entrega, y aun así faltaban piezas. Morla aceptó la condición y quedó a la espera. Al final, el médico no abordó el majestuoso buque en su fatídico viaje inaugural.
Una bella época para que el Dr. Crespo se especialice
La música a principios del siglo XX, tuvo en París, al igual que con las artes plásticas, la ciencia y la industria, un crisol de creatividad y experimentación.
La Belle Époque, un tiempo de esplendor y modernidad en Francia (1871-1914), inspiró mucha música popular, danzas y canciones, en tabernas, boîtes y locales de fiesta.
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A la vez, en la música de tradición escrita se vivió un renacimiento de la música francesa, pues varias organizaciones reaccionaron ante la influencia wagneriana y abogaron por una música francesa auténtica. Compositores como Gabriel Fauré, Claude Debussy y Maurice Ravel lideraron este renacimiento musical. Sus obras exploraron nuevas armonías, texturas y formas.
Ravel empleó cuentos tradicionales franceses, como los que reúne en “Mi madre, la oca”, donde incluye, entre otros cuentos, “La bella y la bestia”, y poemas de autores franceses, como base de la creación de algunas de sus obras. Debussy, con su obra maestra “Claro de luna”, y Erik Satie, con sus “Gnossiennes”, crearon paisajes sonoros etéreos y evocadores.
No se puede dejar de mencionar el encuentro con lo ruso, a través del empresario y artista Sergei Diaghilev, fundador de los Ballets Rusos, que traía constantemente a Paris a compositores (como Igor Stravinski o Modest Mussorgsky), balletistas, bailarines y decoradores rusos.
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Fuentes
- Archivo histórico: Enciclopedia Visual, Salvat; Nueva Historia del Ecuador (1988), Enrique Ayala Mora.
- Imágenes: Wikimedia, Wikiwand
