Periodista, poeta y literato

periodista literato poeta

Periodista, poeta y literato

El legado escrito de Emiliano J. Crespo

Emiliano J. Crespo fue un destacado prosista y poeta. Como prosista, el estilo de su libro “Memorias de un cirujano” fue alabado por el jesuita P. Miguel Sánchez Astudillo S. J. (que no era pariente del autor) como auténtico, ilustrativo, dotado de brevedad y de humor y no por eso menos reflexivo.

Producción científica

Crespo también escribió ponencias y artículos científicos, gran parte de los cuales aparecieron en la Revista Anales de la Universidad de Cuenca. Dedicó discursos a personajes como Pasteur con motivo de los 100 años de su nacimiento, elogiándolo como el genio que revolucionó al mundo. Fue uno de los impulsores de la Revista de la Facultad de Ciencias Médicas y miembro del comité redactor, siempre con la idea de que el conocimiento debía ser compartido.

Ponencias y artículos

para la Revista Anales de la Universidad de Cuenca

Discursos

dedicados a figuras como Pasteur (a 100 años de su nacimiento).

Miembro del Comité Redactor

de la Revista de la Facultad de Ciencias Médicas.

“Fue un polemista de altura ideológica y divulgación doctrinaria. Alejado de la diatriba fácil, combatió sapientemente la furia antirreligiosa y anticlerical que fue la bandera de combate de las ideas radicales que primaron en las primeras décadas del siglo en la política de la República.”

Arturo Crespo Toral

/

Hijo

Producción periodística

Escritor nato, utilizó los seudónimos de Jerome y Meñique para escribir artículos de opinión para varios periódicos de Cuenca, entre ellos en el Diario del Sur, órgano periodístico que él mismo fundó, en unión de otros políticos conservadores del Azuay, y del que fue su director durante los primeros tiempos.

Años después, cuando algunos de sus hijos participaron del movimiento Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana (ARNE), fue columnista del diario de ese partido, “Combate”.

Producción poética

A inicios del siglo XX floreció en Cuenca un nutrido grupo de poetas que, bebiendo de las fuentes del Romanticismo, se acercaban ya al modernismo, poetas de la talla de Alfonso Moreno Mora, Remigio Romero y Cordero y muchos otros que le valieron a la ciudad el sobrenombre de Atenas del Ecuador. Entre ese grupo también estuvo Emiliano J. Crespo, como lo testifica Antonio Lloret Bastidas en su Antología de la Poesía Cuencana.

“Por esos mismos tiempos nació en la ciudad la Fiesta de la Lira que unía la belleza de sus mujeres con la creatividad de sus poetas”, manifestación única “que habla del nivel intelectual y buen gusto de Cuenca. Entre los firmantes entusiastas del manifiesto inaugural consta Emiliano Crespo Astudillo”, anota su hijo José Crespo Toral.

Una de las mayores alabanzas a la calidad de su poesía vino del ilustre crítico Dr. Miguel Moreno Mora: “Pudo haber sido uno de los Dioses mayores de la poesía cuencana de haber cultivado exclusivamente las letras”. Si se recuerda las alturas a las que han llegado los poetas en Cuenca, se puede medir el alto concepto en que un conocedor tenía a Emiliano J Crespo.

Lo confirmó el Dr. Carlos Cueva Tamariz, ilustre intelectual y exrector de la Universidad de Cuenca, quien dijo que su libro Poemas “viene a confirmar las singulares capacidades líricas del viejo y prestigioso Maestro universitario que, a la par que el bisturí del cirujano maneja el sutil instrumento del verso para expresión de su dilecto espíritu”.

En efecto, el crítico español profesor Ezequiel González Mas al prologar aquel libro, que apareció en 1957, expresó: “En la obra del Dr. Crespo Astudillo alternan dichosamente esos tres elementos: sensorio, afectivo y conceptual que integran la esencia del fenómeno poético. Y, junto a la unidad de lo diverso anímico, nuestro poeta demuestra un conocimiento minucioso del oficio retórico, un delicado tacto del artífice para ordenar vocablos y distribuir asonancias, un instinto vivaz de la orquestación rítmica. Lírico de entraña clásica, busca el difícil equilibrio entre la emoción invasora y el perfil escueto, henchido, así, de conmovida savia el ramo sonoro de sus estrofas”.

Salí de dentro de mí
para poderte mirar,
y con tanto amor te vi
que al volver no pude entrar:
¡adentro te encontré a ti!

Ven, Poesía, y tu realeza asume.
¡Nada en mi encuentro, que no seas tú!
Tú impregnas mi existir como el perfume,
tú esmaltas mi vivir, como la luz.

¡Ya mi vida en tu llama se consume!,
¡ya tu dominio azul me tornó azul..!
Y hoy pedí al cielo que mi escoria esfume
para poder vivir en tu virtud.

Que tú vives en mí, lo sé de cierto,
que ya no vivo en mí, también lo sé.
Por saber que estoy vivo o estoy muerto,
todo cuanto poseo lo daré.
Tengo en mi alma el tormento de lo incierto, 
¡prolonga este tormento y moriré!

Llego hasta Ti, Jesús, Dios Soberano,
con las manos vacías,
pues todos los talentos que me diste
todas las gemas que en mi ser pusiste,
dilapidé en pecados y falsías.

La inteligencia que es de Ti reflejo,
el corazón que es de tu Amor espejo,
todos tus dones, necio, he profanado.

La sangre que por mí vertido habías,
la cruz de tus horrendas agonías
con soberbia maldad he despreciado,
Hoy me presento a Ti todo manchado
con las manos vacías.

Leer más

Yo clavé las espinas en tu frente;
yo hundí los clavos en tus pies y manos;
yo levanté la cruz, en que pendiente
te ofreciste al furor de los villanos.
¡Yo hundí en tu pecho el hierro de la lanza
-fluyó de tu corazón el agua pura
que es promesa de amor y de esperanza-

Yo soy esa malvada criatura
digna de tu castigo y tu venganza…!

¿Qué harás de mí, Jesús omnipotente?
¡Tú eres el Juez, yo soy el delincuente!
¡Tú tienes fuerza, honor y poderío,
yo soy gusano impío
que se arrastra a tus plantas impotente!
 
¡Ya estoy aquí Jesús!, ¡aquí me tienes!
Si en tus sangrientas sienes,
si en tus manos, tus pies y tu costado
siempre abiertas mantienes 
las llagas de tu amor y mi pecado
¿bocas serán, tal vez, acusadoras,
o serán puertas siempre acogedoras
que para mi refugio habrás guardado?
 
Láveme, pues, el agua de esa fuente
que brotó de su pecho a la inclemente
lanzada de Longino! ¡Limpiar quiero
mis manchas en su límpido venero!
¡Quiero besar tus llagas con las mías
y ellas florecerán en tu relente…
y ante tus ojos no me haré presente 
con las manos vacías.

1930.

Producción humorística

El Dr. Emiliano J. Crespo escribió mucha poesía humorística. Un ejemplo es esta composición, que semeja un memorando dirigido al director del hospital de Cuenca solicitando insumos para la sala de cirugía, donde faltaba de todo. Ello se debía a la escasez causada por la Segunda Guerra Mundial, como se puede ver por la fecha, agosto de 1945, y la referencia a la “bélica vesania” de la segunda estrofa, es decir a la locura de la guerra.

PARA: Señor Director del Hospital San Vicente de Paúl
RE: Quejas y amarguras.- No Hay comida.- No hay medicinas.- No hay atención
Sírvase proporcionar lo siguiente, para el mejor servicio de la sala a mi cargo:

Hoy falta bicarbonato,
esparadrapo y glucosa,
formol, nitrato de sosa,
yoduro y permanganato.
No hay para curar un gato
sulfas ni penicilina;
ya no hay nitrato de plata
y está vacía la lata
o envase de gasolina.

Por la bélica vesania,
no hay aguardiente alemán
—nuestras naciones están
unidas contra Alemania—.
Llega a tanto nuestra insania
que, por más que a usted le asombre,
borraremos con el nombre
todo germano producto…
¡y de Hunter el conducto
hay que obturarle a todo hombre!

Leer más

De ampolla de Urotropina
ya no nos queda ninguna,
¡y sería gran fortuna
que nos dieran Tricalcina!
Señor director, ¿qué opina
usted de esta situación?
Será posada o pensión, 
pero nunca un hospital
donde hay comida y local
¡pero no medicación!

¡Ojalá el Dr. Monsalve
que hoy tiene la Dirección,
nos mire con compasión
y de esta angustia nos salve!
Y como dice la Salve
“Vuelva al Hospital los ojos”,
pues quedan sólo despojos
de viejos medicamentos.
¡Del paciente los lamentos
hoy nos llenan de sonrojos!
 
Quise operar un prostático,
pero no hay esparadrapo;
para vendas falta trapo,
por eso me quedo estático.
Quiero ser hombre flemático
y, en lugar de protestar,
me pongo a versificar
y, en mal hilvanadas décimas,
que usted puede hallarlas pésimas,
su auxilio vengo a implorar…
 
¡Piedad, señor director!
Provéanos, por favor,
de drogas y material
o proceda sin temor
a cerrar el hospital.
 
Agosto de 1945

Además de la lírica, el Dr. Emiliano J. Crespo compuso poesía humorística en forma de décimas (vieja forma poética que usaron Lope y Calderón), en que manejó el idioma, el ingenio y la ironía con la maestría con que usaba el bisturí de cirujano. Son décimas de ocasión, sobre asuntos puntuales, algunas muy punzantes.

Para muestra, tres décimas de las más de ciento cincuenta recopiladas. La primera critica la decisión de un rector de la Universidad de Cuenca de poner una placa en homenaje a José Peralta; la otra elogia a Antonio Vega, el héroe conservador y la tercera es un chiste atemporal.

No te asombre amigo Blas
que un sindiós audaz y listo
llamando fetiche a Cristo
ponga placa a Barrabás.
Ni debe asombrarte más
que un devoto del rosario
llame apóstol a un sectario,
mártir a quien fue un azote…
También Judas Iscariote
fue apóstol y victimario.

Antonio Vega Muñoz
el Bayardo ecuatoriano
que luchó contra el tirano
por su patria y por su Dios.
Aquel, que condujo en pos
del país la rebeldía,
fue modelo de hidalguía
pues salvó con propia mano
a su contendor villano
cada vez que le vencía.

El ilustre Antonio Vega
cae en infernal celada,
hábilmente preparada
y prisionero se entrega.
A pie, desarmado llega
a la nativa ciudad
-le custodia una unidad-,
suena un disparo certero
que traspasa el cráneo entero,
y allí le deja sin vida.

¡Mas le condena “suicida”
la pérfida autoridad!

(Parodiando a Calderón)

Perdió un tonto su dinero:
hacienda y casa perdió,
sólo el honor le quedó
como a Francisco Primero.
Mas, al quedar pordiosero,
su mujer le abandonó,
y el tonto se consoló
de tanta pérdida viendo
que otro tonto iba cogiendo
la “pezga” que de él fugó.

“Manejaba la bella lengua ecuatoriana como sólo los viejos escritores cuencanos solían hacerlo: su castellano, cuya cuna había mecido el latín escolar, era un castellano de dimensiones completas, en el que todo vocablo expresaba con plenitud su auténtico sentido.”

Alejandro Carrión

/

Periodista

Scroll to Top